viernes, 18 de marzo de 2022

ANAMARÍA SERRA// COMENTARIO SOBRE "EL VIENTO QUE ARRASA", DE SELVA ALMADA

 

Selva Almada, El viento que arrasa, MARDULCE editora, 2012.


La historia comienza cuando el Reverendo Pearson, un pastor evangélico trashumante que viaja con su hija Leni –Elena para su padre-, se ve obligado a detener su coche por una falla mecánica en  un lugar inhóspito que representa la nada misma –aparentemente en la provincia del Chaco-.

Serán asistidos por un mecánico que vive y  tiene su taller en ese paraje, “el Gringo Bauer”, quien se ha hecho cargo de “Tapioca”, -en realidad José Emilio- ya que su madre, una prostituta, lo dejó en sus brazos cuando el niño era un bebé, pretextando que era su propio hijo. Y así lo considera el Gringo, aunque sabe que Tapioca no lleva su sangre. Ambos adolescentes llevan a cuestas el abandono materno.

Tanto Pearson como Bauer sufren la soledad, aunque  tratarán de llenar ese vacío de manera equivocada.

Ese lugar desierto, pobre, yermo, será el marco propicio para desarrollar en esta historia  no sólo el desamparo, sino también la reflexión y la confesión de los conflictos personales.

Leni es una jovencita inteligente, con sentido de la ironía, que desea volver a encontrar a su madre – a quien el Reverendo abandonó en una especie de huída, llevándose la niña- .

Leni  sufre el desdoblamiento de la personalidad Pearson: la figura del padre que pierde la batalla  ganada por el pastor, que deja de lado a su hija y  poco a poco envuelve en sus palabras al inocente Tapioca, en quien ve un  elegido por Dios para seguir sus propios pasos. Quizá un reflejo del niño que fue una vez.

Son interesantes los capítulos en los que el Reverendo emite su pensamiento y sus sermones; la autora demuestra gran conocimiento de ese tipo de discurso “religioso” que subyuga a mucha gente humilde, que no encuentra una salida a su vida desdichada.

El Gringo Bauer asiste con desesperanza a la conversión que va experimentando su hijo, sobre todo porque considera que la religión es cosa para débiles, pero el Reverendo, hábil, ganará con sus palabras y logrará que el chico lo siga.

Casi en el final de la historia se desata una tormenta física pero también simbólica. El viento arrasa con el destino de los personajes, algunos impotentes para resolverlo, como Bauer y Leni, otros decididos a cumplir una vida que creen ya está signada por la fuerza divina, como Tapioca y Pearson.

El tiempo allí se detiene y finalmente el lector logra entender el porqué de una narración morosa que se mueve entre el pasado y el presente, en cierta medida con influencia  del escritor santafesino Juan José Saer, si bien Almada no utiliza la técnica de las cláusulas subordinadas extensas que retardan muchas veces la narración de manera excesiva.

Por su intensidad, la novela de Selva Almada lleva a la lectura “de un tirón”, aunque una segunda lectura sea más provechosa para el disfrute.



martes, 22 de febrero de 2022

ANAMARÍA SERRA// COMENTARIO SOBRE "DIARIOS DE LA EDAD DEL PAVO", DE FABIÁN CASAS

Fabián Casas, Diarios de la edad del pavo. Emecé, 2017




La novela de Fabián Casas transcurre en Buenos Aires, pero el espacio está acotado por el barrio y las acciones (o inacciones) del protagonista. Ambientes cerrados y bastante opresivos, en consonancia con el temperamento del yo narrativo

El epígrafe, tomado de Diario, de Witold Gombrowicz, dice en su comienzo: “Me he puesto a escribir el diario sencillamente para salvarme, por motivo a la degradación y a un total hundimiento entre las olas de la vida trivial que ya me están llegando al cuello. Pero resulta que tampoco en estoy soy capaz de esforzarme plenamente”

Al parecer, en ese Diario, el escritor polaco (1953-1969) quien vivió y produjo su obra en Argentina, menciona ciento cincuenta veces la palabra juventud.

El título del libro de Casas, Diarios de la edad del pavo, ya anticipa cómo estará estructurado el texto, pero ese núcleo “diarios”, además de adelantar que serán más de uno, modifica el concepto de “diario” con el agregado “de la edad del pavo”: así se ha denominado en otros tiempos a la etapa de la pubertad y de la adolescencia. Sin embargo, el protagonista tiene aquí 30 años, pero de todos modos centra todo su contenido en la juventud del narrador, una especie de adolescencia tardía.

Quiere vivir de la literatura pese a que sabe que es una empresa casi imposible, por lo tanto, para subsistir, trabaja ocasionalmente en empleos que, aunque de alguna forma se vinculan con lo literario, siempre le dejan el sabor amargo de “quitarle el tiempo” a su escritura. Su pareja, Lali, es la depositaria de sus cambios de humor. La enfermedad y posterior muerte de su madre y la relación negativa con su padre lo marcan de manera profunda.

Su vida es un constante devenir entre reuniones de escritores, proyectos culturales, amor, abandono, dolencias físicas y psicológicas. Su tiempo, sobre todo, está abarcado por la obsesión lectora:

“Piglia, en Respiración artificial, escribe una frase que dice uno de sus personajes: “Escucho una música; pero no la puedo tocar”, así me siento desde hace tres días. Escucho una música; pero no tengo la fuerza de ponerme a escribirla”.

En un reportaje que se publicó en el diario La Capital de Mar del Plata, Casas afirma que esos diarios efectivamente fueron escritos por él en esa época; por un lado manifiesta que no le gusta verse cómo era, por otro, tiene una mirada nostálgica hacia ese “artista adolescente”.

“Estoy terminando Presencias reales de Steiner, que me gustó mucho. También terminé el Tórless de Musil, y me gustó el final, mucho (…)

No escribo porque mi Yo rotó y las palabras –salvo estas, cotidianas- están en el invernadero.

Tendríamos que consignar toda la vida en cuatro o cinco líneas. Esa es la meta”

Imagino que un lector común no toma este texto como un diario personal hecho por el escritor, sino que asume la categoría de “lector de una ficción”, cuyo narrador le cuenta una historia en formato de diario personal, como muchas veces lo hicieron los escritores del Romanticismo, donde el hilo conductor son las reflexiones de un joven escritor sobre la literatura y sobre sus autores preferidos, una especie de “romántico de finales del siglo XX”, pobre y desencantado de sí mismo y de su propia escritura.

No obstante, creo que la publicación de este texto ha sido supervisada,  impulsada y corregida por el propio autor, que pasó a ser el personaje principal y que por ello se desconoce; el tiempo cubrió  la realidad con el manto de la ficción.

                                                    

jueves, 17 de febrero de 2022

ANAMARÍA SERRA//COMENTARIO SOBRE LA NOVELA "BAHÍA BLANCA", DE MARTÍN KOHAN

Martín Kohan, Bahía Blanca. Editorial Anagrama, 2012.



Si bien el protagonista de la novela es Mario Novoa, el título ubica como co-protagonista un espacio conocido, una ciudad importante de la provincia de Buenos Aires por su estratégica ubicación y por ser poseedora de un puerto. A Bahía Blanca se la ha denominado “la llave de la Patagonia”.

La ciudad como un lugar para perderse, para ser olvidado y para olvidar, espacio que en sí mismo representa una carencia.

La ciudad  para disolverse en la nada; el plan que el protagonista establece desde el principio. Quiere el anonimato porque está escapando de algo que luego se develará a medida que transcurra el relato, hecho a manera de diario personal.

Bahía Blanca es un lugar detestado por todos, aún por aquellos que viven en la ciudad, un lugar que, según leyendas urbanas, “trae mala suerte”.

La historia llevará a Mario Novoa a Ingeniero White, barrio formado alrededor del puerto,  representado como un pueblo fantasma durante el día. En la noche muta  en  “lugar del pecado”, donde las personas se transforman. Tal es el caso de “la chica del locutorio”, que por la noche se convertirá en “la putita” del bar Blak Cat. El espacio mudado en una especie de infierno.

El autor jugará con cierta simbología  del color blanco  -o ausencia de color-. Bahía Blanca, Ingeniero White  como metáfora de la nada o quizá de la hoja en blanco, sobre la que habrá que escribir una historia de vida. 

En un momento de la novela, Mario Novoa regresa a Buenos Aires. Allí se reencontrará con el que hecho que motivó su huída. El lector intuye que la gran ciudad le provoca al protagonista la nostalgia y el recuerdo de buenos tiempos, la añoranza de su vida con Patricia. Novoa intenta una vuelta a la afectividad que en realidad es una vuelta a la dominación en su relación enfermiza de pareja.

Por eso se apostará frente al departamento de Patricia en Barrio Norte hasta lograr encontrarla. Luego, el viaje de vuelta a Bahía Blanca en el que su ex esposa lo “acompaña” engañada, un viaje lleno de parlamentos no dichos, de preguntas no formuladas, de intenciones no reveladas, y también de resignación y de punto final por parte de la mujer.

Los espacios exteriores e interiores determinan su estado de ánimo; el protagonista busca ese tipo de lugares que le sirvan para aislarse, para la  incomunicación,  para desconectarse y transformarse en nada.

Si el lector tuviese que diagramar la estructura de la novela “Bahía Blanca”, seguramente dibujaría un círculo, ya que empieza y finaliza con el viaje que desemboca en esa zona en donde el personaje se funde con el vacío del entorno.  

Novoa va a “nacer de nuevo” en Monte Hermoso, un pueblo periférico de Bahía Blanca; espacio de investigación para Darwin y que Ameghino eligió para desarrollar su teoría fantástica sobre el origen del hombre.

jueves, 10 de febrero de 2022

ANAMARÍASERRA//COMENTARIO SOBRE LA NOVELA DE FEDERICO FALCO



EL PAISAJE QUE DEFINE

Federico Falco, Los llanos.

Novela finalista del Premio Herralde de Novela. Editorial Anagrama, 2020.

Una ruptura amorosa empuja al narrador a mudarse al campo, alquilar una casa próxima a Zapiola, pueblo ubicado al noroeste del partido de Lobos, provincia de Buenos Aires. Allí armará una huerta desafiando las inclemencias del tiempo, recordará momentos de su infancia en el campo de sus abuelos, en el sur de Córdoba,  la dificultad en reconocerse sexualmente como “diferente”, su relación y ruptura con su pareja Ciro, y por último, la aceptación, el comenzar otra etapa.

Todo con el paisaje como marco y compañía. En ese sentido, el epígrafe que encabeza la novela, tomado de un poema de Ron Padgett[i], anticipa el contenido. El paisaje expresas sus sentimientos, la Naturaleza será su maestra.

La novela tiene muchos pasajes de reflexión del protagonista, en los que vincula su pensamiento con las lecturas que sigue en su nuevo y solitario hogar. Anne Carson, Cy Twombly, Sara Gallardo, Félix Bruzzone, Lyn Hejinian, Annie Dillard, Alejandro Schmidt, Julia Kristeva, Philippe Sollers, Hebe Uhart, Louse Glück son nombrados y en general citados en una pequeña línea que viene a cuento sobre sus meditaciones, y lo ayudan a ir comprendiendo ese momento de su vida.

Pero esas lecturas irán apareciendo a medida que el protagonista vaya adaptándose a su nueva situación. Le servirán como “compañeros de ruta”, en un diálogo imaginario que le ayudará a quitar aunque sea por momentos, su obsesión por la ruptura, a ir haciendo poco a poco el duelo.

En una entrevista que le realizara Valeria Tentoni[ii], Falco revela el disparador autobiográfico de esta novela,  la muerte de su abuelo. Este hecho lo llevó a ir anotando recuerdos de su infancia y adolescencia, transcurridos en un campo del sur cordobés. Y ambas llanuras, la del sur cordobés y la de Lobos, son  el otro protagonista de la historia.

El paisaje que en principio se presenta como hostil le plantea un desafío que irá atravesando con constancia; la huerta, otro elemento importante, tiene también mucho de la experiencia personal del autor, según lo comentara en la misma entrevista.

El entorno va organizando su vida cotidiana,  lo envuelve y lo define. Al principio esa visión casi oriental, la compenetración del ser con la naturaleza  en donde el hombre casi se funde con el paisaje llega a través de los recuerdos de infancia en otro campo, otro llano, el de sus abuelos:

“La belleza de tres palmeras fénix solas en medio de un potrero, golpeadas por el sol del atardecer, como si fueran un póster del antiguo Egipto. Fuegos artificiales cada una de las copas. Una explosión estática. En cada hoja, las puntas verdes de una chispa expandiéndose, el núcleo amarillo limón cuando la palmera está recién florecida. De un naranja suave, cuando cuelgan ya maduros los dátiles en racimo” (p.17)

Yasunari Kawabata rescata en uno de sus ensayos un poema de Myoe, monje budista japonés, en donde los elementos del paisaje se transforman en palabras que en el poema despiertan la emoción ante lo bello, y esa emoción se expande hacia el ser humano. Hay una fusión entre las múltiples manifestaciones de la naturaleza y los sentimientos humanos.

El paisaje del “ahora”, en Lobos, se siente como una agresión aumentada por la sequía que lo invade todo. “El mundo es tan amplio que pareciera que no hay nada que ver: solo cielo, solo potrero, siempre iguales a sí mismos” 

El esfuerzo para captar las diferencias hará que preste atención a los detalles y poco a poco comenzará a relacionarse de manera afectiva con el entorno.

El protagonista ha querido volver al campo, pero no al de los recuerdos de infancia. Esos quedarán atesorados en su mente, pero ya pasaron. Ahora es otra etapa de su vida, en la que deberá valerse por sí mismo, el crecimiento personal de superación será en otro campo y en soledad.

“Un silencio de pájaros. Los loros que en los eucaliptus siguen armando sus nidos. Palomas que zurean (…) Los jazmines del país llenos de pimpollos, a punto de florecer. Olor a jazmín, a lavanda, el olor dulzón de las flores del paraíso”(p. 231)

Otro elemento de mucha importancia es la reflexión sobre el lenguaje. El protagonista es escritor, y eso lo lleva a especular sobre determinados momentos; qué se dijo, cómo se dijo, el lenguaje familiar, matizado con palabras del dialecto piamontés; ciertas palabras propias de su pueblo para nombrar determinados alimentos, la libreta de anotaciones de su padre, las anotaciones de su abuela detrás de las fotos viejas, el recuerdo de sus conversaciones con Ciro.

La novela se presenta en sus descripciones como un gran fresco cotidiano, es muy visual. Lo que se ve, se nombra. El narrador observa la naturaleza  y de manera inconsciente se re- crea como persona, en un acto de construcción en el que la vista y la palabra se funden.

Un vínculo amoroso que se ha roto, pero surgirá un fruto. De manera paciente, la Naturaleza le enseñará a observar y a recordar, la huerta lo obligará a concentrarse y no rendirse, las lecturas le plantearán un diálogo del que resultará la comprensión y la paz.

Hay muchos pasajes del libro en los que abunda la prosa poética y la filosofía oriental, como una invitación a una reescritura de algún poema. Van estos  ejemplos en los que me tomé la libertad de aplicar la disposición en versos y la omisión de alguna frase:

El miedo al horizonte

Al sinsentido

¿Por eso me fui lejos de este horizonte?

¿Por eso vuelvo a rodearme de horizonte?

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La glicina florece a rama desnuda

Un color increíble

A medias celeste y a medias violeta

El aroma de sus flores se cuela por la casa

Lo busco en el aire, pero no lo encuentro

 

 

Vicente Haya[iii] explica que en Japón el silencio  entendido no como ausencia de palabras sino de ruidos que entorpecen, tiene que ver con la armonía, con la no confrontación. La Naturaleza como maestra del silencio, fuente original de la armonía.

El narrador ha estado solo durante casi toda la historia, y en ese silencio que otorga la soledad, ha logrado redescubrirse, comenzar otra etapa de su vida. La Naturaleza ha sabido enlazarlo con la armonía, y como las estaciones, tendrá una nueva oportunidad, un nuevo comienzo.

 

 

                                                                          10 de febrero de 2022.-

 

 

 

 



[i]Ron Padgett (Tulsa, Oklahoma, 17 de junio de 1942-) es un poeta, ensayista, narrador y traductor estadounidense, miembro de la segunda promoción de la Escuela de Nueva York.

[ii] Federico Falco, “El lenguaje siempre es un arma de doble filo”. Eterna Cadencia, 8/01/2001

[iii] Vicente Haya, “La idea de armonía en la cultura japonesa y el haiku japonés”

martes, 25 de enero de 2022

CRISTINA DANIELE/ ANAMARÍA SERRA: DOS MIRADAS SOBRE "POEMAS DE LA LUZ Y DE LA BRUMA", DE MARÍA CRISTINA SANTIAGO

CRISTINA DANIELE

“Cómo se devela el misterio”. Acerca de Poemas de la luz y de la bruma, de María Cristina Santiago. Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2017.


El epígrafe que abre el libro de María Cristina Santiago, es de Friedrich Schiller: “Si a través de tus acciones y de tus obras de arte / no consigues complacer a todos, / conténtate. / Complacer  a muchos es algo grave.”

Cita que, por una parte, lleva a la pintura de Klimt[1], Nuda veritas, que el artista grabó sobre fondo de oro en la parte superior del cuadro. Sin dudas, aludía a las polémicas suscitadas por sus obras. La verdad, deseada y temida, como la mujer del cuadro, hierática y sensual, provocativa con el cabello rojo, suelto y el espejo que muestra en primer plano.

A la vez, Schiller y la idea de la verdad resultan una invocación que reta al lector,  reclaman que acepte la invitación a develar lo que leerá a continuación. Proponen una suerte de rito iniciático, un camino a recorrer, pruebas a sortear, para encontrar el camino de la luz, descorriendo los velos de la bruma.

El ying y el yang atraviesan los “Poemas de la luz y la bruma”, luz como aquello que se ve, bruma como lo que opaca y oculta. Pero también luz como iluminación, camino de la ascensión, del crecimiento espiritual, del conocimiento superior.Ansias de saber que se revelan como una sed, “Una va llena de palabras / por la vida / y aun así la sed persiste.”

Platón explica en sus diálogos que las pasiones encarcelan el alma, la parte espiritual del cuerpo. Para obtener la elevación al mundo de las Ideas es necesario cultivar el camino del conocimiento y la inteligencia, para desarrollar lo que es esencial y empezar la ascensión hacia la Luz.“Ese renacer de dimensión sin tiempo / es percibir la plenitud de la belleza / Y qué es la belleza, /… / sino una boca sin sed / y con la luz…”

En ese derrotero iniciático, el poemario se estructura en seis partes[2],como los dos triángulos invertidos que propone la disciplina Merkaba, uno de sus principales símbolos sagrados. “Un cuerpo icosaédrico / Me rodea / Voluntad de saber, / carruaje que conduce al infinito /En el centro justo está mi espíritu / Por primera vez / en años / la boca / no está sedienta.”

La primera parte del libro es Traducir la geometría, e incluye poemas cuyos títulos son Lenguaje, La sed, Magia, No existe el tiempo, Todo reside en el lugar preciso, Velocidades, títulos que invitan a reflexionar sobre el tiempo, el espacio, los diferentes planos que confluyen, la sed de conocimiento.

El Merkaba forma parte de varias filosofías y religiones en especial de la hebrea, enkabalística significa "carruaje o vehículo de luz", una técnica queintenta activar este vehículo que se encontraría alrededor del cuerpo. “Vamos, con sorpresa, / camino de alcanzar / esa armonía / que nos prometió en los orígenes / un Dios amable / y a la vez geométrico.”

Luz que se convierte en el elemento central. Una luz intensa que recorre el cuerpo físico y puede ayudar a la mente, al cuerpo y al espíritu a elevarse, sanarse, conectarse y vivir experiencias en otros planos de realidad.

De allí que encontraremos una constante en la lectura de los poemas de Santiago: una multiplicidad de planos, distintas realidades, distintos tiempos, que se conjugan en un solo momento: el presente del yo poético. “Esfera que construyeron / los maestros / para reunir allí / los cielos y la tierra. / Idioma de la magia / más perfecta. / Dentro de esta casa / está la paz / en una tibia lámpara / que titila y espera.”

En la segunda sección, Evolución, asistimos al despliegue durante las distintas etapas de la humanidad, la transformación de la especie hasta el momento de lograr cierta comprensión, ver el todo y las partes. “Empecé a entender / el lenguaje de los pájaros / Pude emitir sonidos leves / y me enseñó el Pi. / Me dio la medida de las cosas. / Ahora debo aprender los colores.” Desde las manos en Walichu, al lenguaje actual, todos signos a ser descifrados, a permitir la comunicación, a traspasar el saber. “Esa es su forma primordial de mostrar el mundo / y de contar la historia / a los que puedan leerla.”

En la tercera sección, Los trabajos y los días, sabe cuál es su misión en este mundo: “recorrer el camino hacia Kether / -la unión con Dios-”, y en la cuarta, Cotidianas, traspasa al plano físico el conocimiento adquirido, “Todo objeto que toco / aprende a ser nombrado”, y las dificultades para lograrlo, “Siempre hay un trozo de la piel que llora / Un velador que no responde / a su doble función de alumbrar / y al mismo tiempo iluminarme.”. En la quinta sección, Los hábitos terrestres, refuerza esta última idea, ubicando geográficamente sus poemas: Jujuy, el Estrecho de los Dardanelos, lugares donde ha logrado comprender el instante, atraparlo. “Solo sé / que en ese instante y / a cuatro mil metros de altura / atrapamos la vida.”, “Entiendo y en ese momento exacto / poseo el mundo. Por un segundo efímero.”

En la sexta parte, Ejercicios para piano, se plantea un nuevo desafío: comprender y atrapar lo que dice el pentagrama, la historia, el movimiento del tiempo, la circularidad, el eterno retorno. “Los festivales de luces y de sombras, / música y dulzor cuando / tías y madre, aquellas / las mujeres de mi vida / preparaban fuentones / que acompañarían la vendimia / en un tórrido febrero / del que por suerte / algo queda: la memoria.”

En este libro, la autora niega al lenguaje como estereotipo, yuxtapone gusto, olfato, música, pintura, reacomoda la percepción desde un lugar distinto, dentro y fuera a la vez. Descoloca la realidad para darle una nueva impronta, exige al lector otra mirada, un modo de reflexión diferente al habitual. Es un desafío, un periplo a cumplir, así como lo hizo el yo poético,en palabras de Joseph Campbell: “El héroe inicia su aventura desde el mundo de todos los días hacia una región de prodigios sobrenaturales, se enfrenta con fuerzas fabulosas y gana una victoria decisiva; el héroe regresa de su misteriosa aventura con la fuerza de otorgar dones a sus hermanos[3]. Al regresar, la heroína de Poemas de la luz y de la bruma  comparte el aprendizaje adquirido e incita a la observación y al goce de los sentidos.

Más que un acto intelectual, este poemario expone una construcción espiritual, con el cuerpo transportado a través de múltiples dimensiones, yendo y viniendo en el tiempo  y el espacio. “Hay otros mundos, pero están en este”, decía Paul Eluard, un viaje por esos múltiples y yuxtapuestos mundos es la propuesta de María Cristina Santiago.

Alguien que se ha iniciado, ha tomado el desafío. Cual heroína mitológica cumplió el ciclo y logró el conocimiento, adquirió un lenguaje que se apropió de los arcanos y podrá dejarlo en la memoria colectiva. “Entonces reflexiono, volvamos al principio. / La vida, corrijo, es un continuo / comienzo interminable.”



[1] El autor aparece indirectamente en el poema Pentagrama, cuya protagonista es Alma Malher, su imagen compone la figura de otra pintura de Klimt, El beso.

[2] Estructura muy bien explicada por Ana María Serra, en su trabajoMARÍA CRISTINA SANTIAGO, POEMAS DE LA LUZ Y LA BRUMA

[3] Campbell, Joseph. El héroe de las mil caras.


ANAMARÍA SERRA

 "TODAS LAS MUJERES, UNA MUJER": POEMAS DE LA LUZ Y LA BRUMA, DE MARÍA CRISTINA SANTIAGO

 

El título establece una conjunción entre dos términos casi antitéticos, “luz” y “bruma”. La luz, símbolo de la vida, de la claridad del pensamiento; la bruma, esa niebla que se forma sobre el mar, que opera como metáfora del desconcierto, la confusión que enturbia la mente, como en las escenas de una clásica película policial.

En consecuencia, el título sugiere los sentimientos y reflexiones que acompañaron a la poeta en diferentes momentos, y los poemas son el resultado de esa variación en la que, a mi entender, triunfa la luz, la agudeza y la imaginación.

El libro está encabezado por un epígrafe: “Si a través de tus acciones y de tus obras de arte no consigues complacer a todos, conténtate. Complacer a muchos es algo grave”.

Su autor, el poeta alemán Friedrich Schiller, uno de los iniciadores del Romanticismo, expresa un pensamiento con el que la autora se identifica y que no está exento de ironía: la lectura fácil no tiene calidad.

Y el contenido del poemario será fiel a este pensamiento. No resultan obvios los poemas de María Cristina Santiago, a pesar de su  arquitectura y su tono despojado y simple. Cada uno es un pequeño tesoro que obliga a la relectura, tal vez a investigar quiénes son algunos personajes o lugares de los que acaso hemos oído nombrar o estudiado, pero que ya no recordamos o simplemente no conocemos.

El texto está dividido en seis partes: I. Geometrías, II. Evolución, III. Los trabajos y los días, IV. Cotidianas, V. Los hábitos terrestres, VI. Ejercicios para piano. Los poemas que integran cada una están íntimamente relacionados por una temática que los une.

La mujer y la palabra, ambas poseedoras del poder de la creación, son el eje sobre el que giran los poemas. La mujer poeta, madre, amiga, maestra, hija. La mujer a través de los lugares y del tiempo.

En los poemas comprendidos en Geometrías el núcleo es la mujer poeta.  El ansia por encontrar las palabras, por descubrir aquello que está ante nuestros ojos y no sabemos verlo; la sabiduría que se manifiesta en lo simple, en el saber renovarse cada día.

Aquella mujer que se identifica con las trabajadoras de otra época y aprovecha para recordarnos al poeta John Keats, el amarillo como centro cenital de una jugosa naranja le otorga la luminosidad para su creación al tiempo que simboliza la portación del fruto, de la vida.

La tranquilidad que concede el transcurso del tiempo, no importa la edad, siempre está la capacidad de creación poética; la naturaleza ofrece la magia y la paz del hogar la facultad de aprehenderla. La vida es un recorrido para alcanzar la armonía.

 

La segunda parte, Evolución,  nos habla acerca del cambio que se opera en la persona a través del tiempo.

 La figura de Nivedita, misionera irlandesa que ayudó a la India a independizarse de Gran Bretaña y que creó una escuela para niñas en Calcuta. Nivedita, cuyo nombre significa “dedicado a Dios”, dio todo por la India. La voz poética es la de una niña alumna, la magia del aprendizaje  la cambiará para siempre.

Sin embargo, la esencia puede permanecer intacta, la Venus de Willendorf en  “Transformaciones”, como símbolo de fertilidad; el trabajo de la Naturaleza en el ser humano a través de millones de años, la muestra de su cultura por el dibujo, la tarea de las mujeres en la cosecha, cuando han recogido en sus vidas el fruto perfecto (“La cosecha”).

 

La tercera parte del poemario, Los trabajos y los días, titulado de la misma manera que el poeta griego Hesíodo, del siglo VII a.C. nominara a su texto didáctico sobre la agricultura y la navegación, aúna el pasado remoto con el presente. Precisamente en el poema inicial la poeta dice que la espera una tarea mágica, “recorrer el camino hacia Kether/ -la unión con Dios-“: Kether en hebreo significa “Corona”, se sitúa en la posición central superior del Árbol de la Vida. En el hinduismo se entiende como Brahma, el principio vital de todas las formas de energía, y en consecuencia, de vida, y ese será su trabajo, llevará la magia encerrada en ese collar que porta sobre el escote de su vestido actual.

“Con los muñones” continúa la tarea que  se le ha asignado a la mujer a través de los siglos y la liberación siempre es posible. En “Las habladurías”, recurre a la figura del Gólem, ese “hombre de fango” -según la leyenda praguense- al que acuden los judíos para no ser una vez más acusados injustamente y condenados al destierro. Finaliza con “Pelea de mujeres”, conflicto generacional entre madre e hija. La madre queda herida por las palabras de aquélla, pero sabe que a través de su amor, olvidará las ofensas.

 

Parte IV. Cotidianas: los poemas van oscilando entre estados de ánimo de “luz” y “bruma”. Cada día es un nuevo comienzo, un génesis de la labor poética. En otros poemas recuerda momentos en los que la salud se ha visto aquejada, el dolor, la herida dejada por una cirugía, el temor, los presagios funestos de la lluvia a pesar de intentos de una explicación racional. Por otro lado, la armonía que supo encontrar en la soledad, acompañada de su gata, sugestivo animal sagrado que con “la sola majestad de su presencia” la asiste en el transcurrir del día. Une su voz con el entorno y la casa, vive en paz, un aprendizaje; su vida es escribir, la hoja en blanco representa la virginidad que será desflorada por la escritura.

 

En la quinta parte -Los hábitos terrestres-  la mujer viajera, que se maravilla con la captura de la naturaleza en el instante de la toma fotográfica, Se nutre del paisaje y percibe la eternidad a través de la figura de una vicuña.  Y también está aquélla que encuentra su origen en tierras remotas, cuando ve a un niño pescador  y sabe que el pez será soltado para que siga grácil su propio ritmo, así como la madre deberá dejar que el hijo continúe su camino.

 

La sexta y última parte, Ejercicios para piano, reúne las figuras de Alma Mahler, la artista que quedó plasmada como “musa” para la posteridad por la fama de su marido, el músico Gustav Mahler, si bien Alma fue compositora musical. El matrimonio finalmente se disolvió; Alma supo tener una vida libre a pesar de los prejuicios de la época.

Por otro lado, “Zelda”, una mujer talentosa, fuera de su época en la que todavía la costumbre era el sometimiento al mandato del hombre. Por ello Zelda dejó su carrera de bailarina clásica y permitió que su marido, el escritor Scott Fitzgerald se apropiara de su personalidad y la plasmara como personaje de sus novelas y  no pudo controlar el desequilibrio de frustraciones no resueltas.

 Y luego los retratos de las mujeres apegadas a férreas tradiciones, la judía, que obedece el mandato impuesto por los siglos, ocupa un lugar del que no puede desviarse, y la cristiana, que debe llegar virgen al matrimonio. La religión que impone un estilo de vida opresivo, sin libertad de elección.

Encontré en mi lectura a la mujer que debe lidiar con la soledad cotidiana  porque ya está en el límite con la vejez y sin embargo siente en la paz de la casa la conjunción entre la tierra y el cielo; la que se da cuenta de que el paso del tiempo no importa si los recuerdos mantienen intactos los sentidos de la niñez, esos que le dan perfume, color, sabor y sonido a la vida.

Y sobre todo, los poemas descubren el velo de la mujer creadora, que trabaja todos los días en la búsqueda incesante de la palabra. No importa la edad, porque el transcurrir de los años brinda mayor sed de sabiduría, esa que se logra a través del estudio, porque el arte verdadero tiene la exactitud de la matemática y de la experiencia de vida. Es inútil la medición del tiempo, el alma femenina permanece indemne a través de los siglos.

                                                                

martes, 4 de enero de 2022

ANAMARÍA SERRA// "MAÑANA DE VERANO"


 

cielo de verano

 

juegan los verdes

en el aire abrasador

 

el sol

atisba desde las nubes

 

los árboles me protegen

esta mañana

 

 

 

 

lunes, 29 de noviembre de 2021

ANAMARÍA SERRA//"TRASCENDENCIA"

 sólo una gota

grano  transparente

átomo visible

migaja del universo

al borde de la hoja

un salto al vacío

cae sobre mi mano

instante eterno