martes, 29 de agosto de 2017

ANAMARÍA SERRA/ "SUEÑO INVERTIDO"

Me sentía agitada, como si necesitase moverme, cambiar de posición una y otra vez.
Avanzaba con cuidado, temiendo caerme y rodar cuesta abajo. Un tordo graznaba su burla trepado a la rama más alta; la torpeza de mis pasos me hacía tropezar con piedras escurridizas.
El manantial me invitaba a su remanso Finalmente pude llegar y aplacar mi sed. Desilusionado, el tordo silenció su mofa chillona y levantó vuelo con rumbo desconocido. Aparecieron otros pájaros con cantos suaves para hacerme compañía.

Me senté junto a un árbol y me soñé en mi cama durmiendo tranquila; una copa con agua mineral reposaba sobre mi mesa de luz


sábado, 19 de agosto de 2017

ANAMARÍA SERRA/ "EL DEMIURGO"



Adela se despierta, escucha el viento y siente que la penetra un torbellino de imágenes. Mediodía. Mira hacia la  ventana, el sol abrasador le seca la garganta. Se incorpora y toma un poco de agua del vaso que está sobre su mesa de luz. Ahora divisa frondosas plantas; sus hojas carnosas le impiden mirar qué hay detrás de la ventana.
Camina hacia allí y lucha con manos para abrir el follaje y ver el panorama. Oye un repicar acompasado, acústica pura, y se da cuenta de que el viento ha dado paso a la lluvia de finísimo granizo. Y allá va la imaginación de Adela, a la cumbre más alta que puede encontrar, blanca e inmensamente fría –lo siente en la punta de sus dedos porque está acariciando la base de una pequeña escultura-.
Adela toma conciencia del gesto maquinal y la observa. Representa un demiurgo, cabeza de león enmarcada en un halo, el sol y cuerpo de serpiente. Piensa en el significado dado por los antiguos: el creador y ordenador del mundo material, la encarnación del mal que aprisiona y encadena a los hombres a sus pasiones.
Adela desvía sus ojos hacia la fotografía colocada junto al demiurgo. Un hombre joven, esbelto, bronceado, le sonríe con malicia desde una  playa caribeña. Detrás, el sol corona su cabeza mientras el mar, de un azul más que profundo, lame sus pies. Adela quiere aclarar su desconcierto. Abre la ventana: ya no llueve y el viento es una brisa sobre su rostro.
En puntas de pie y sacando casi la mitad del cuerpo, extiende sus brazos para separar aquella multitud de hojas que le impedía la visión, pero descubre que solamente hay un enorme vacío, un desierto en el mediodía plagado de sol, el abismo que la atrae como si estuviese tirando de ella una finísima cadena de pasión hacia aquella mirada maliciosa…  Y su garganta seca, la sed que no puede apagarse.

Tal vez el demiurgo sea el oasis que Adela necesita.
 Aclaración: La imagen que encabeza el texto pertenece a Nicolás Gatto.

jueves, 22 de junio de 2017

ANAMARÍA SERRA/ "CUMPLIR UN SUEÑO"

el pronóstico del tiempo alertó
se acercaba la tormenta perfecta

como un  lunático  te lanzaste hacia el puerto
a  la aventura de encontrar tu meta

navegarás con una sonrisa
aunque el mar que te plantó paredes inviolables
te envuelva y  te devore  en salados remolinos

por más que el canto de sirenas
repique en tu oído "la alucinación  te ha ganado"
cumplirás tu sueño

martes, 13 de junio de 2017

ANAMARÍA SERRA/ "RECOMENDACIÓN"

por los bordes
sin traspasar la orilla
caminá siempre por ahí

que no te roce
el filamento de la crueldad
que no te aplasten
las olas impiadosas
al igual que un caminante distraído
detiene para siempre
la marcha de un pobre caracol

no caigas en la trampa
de la confusión

tomá aire con fuerza
dejá
que la brisa de las algas
te acaricie

y sentite dulcificada
como cuando un caramelo

se derrite en tu boca

jueves, 8 de junio de 2017

ANAMARÍA SERRA/ "ESBOZO DE VIDA"


una línea apenas curva
abraza suave
el borrón rosado
que oculta rayas verdes
más breves

el monigote quería nacer
la ansiosa mano infantil
no lo dejó abrirse a la vida
de la pared
 
aunque si miramos con atención
debajo de la mancha rosada
(apenas alcanzó a verter unas gotas de sangre)
veremos un ojo y media sonrisa
en la boca sin terminar

una línea recta
(su pierna derecha)
puja por abrirse
a la tercera dimensión.

viernes, 2 de junio de 2017

ANAMARÍA SERRA/ "CAMINANTE"


siente –como un vampiro-
la luz
hiriente de la mañana

sospecha que a su paso
deja el rastro pegajoso
de otra noche deshecha

su mirada
reclama de costado
una oportunidad

para darle a su cuerpo      contrariado
la cadencia necesaria
huyente de la resaca

la arena en los bolsillos
le marca su tiempo límite
sospecha que hoy  encontrará  el camino

se vuelve
desanda sus pasos
y busca un nuevo comienzo






lunes, 10 de abril de 2017

ANAMARÍA SERRA/ "CARTAS"


Se acercó hacia el lugar con muchas dudas. Se repitió que no tendría que haber ido. 
Sin embargo estaba allí, caminando por la vereda que bordeaba ese paredón interminable, de ladrillos desteñidos por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento. 
Llevaba varias cartas: las había escrito a lo largo de muchos meses. Cartas que el destinatario no había recibido, pues cada vez que terminaba una, sucedía lo mismo; la guardaba en un sobre, escribía la dirección y después la arrinconaba en un cajón de su escritorio.  Invariablemente todas eran similares. Comenzaban con largos parlamentos con titubeantes disculpas que intentaban ser coherentes. 
Pero la escritura le ganaba la partida: se convertía en una hechicera que dominaba su mano (porque las cartas estaban escritas con su prolija y legible letra femenina). El resultado era un texto contradictorio, que finalizaba con amargos reproches.
Y ahora se encontraba con ese montón de sentimientos guardados en su bolso. Lo llevaba muy apretado contra su pecho. 
Ni una sola de esas cartas tenía sentido. 
¿Cómo pudieron construir esa extraña relación? No encontraba respuestas. Tampoco recordaba cómo se había interrumpido el vínculo. Pero seguía avanzando hacia la entrada.
La incertidumbre la atormentaba ya que no se sabía capaz de llamar cuando estuviera frente al enorme portón. 
Se puso a barajar las posibilidades de su atrevimiento. 
Supongamos que me animo, golpeo el llamador antiguo (¿todavía no habrán puesto portero eléctrico, ni siquiera un timbre?) y sale él a la puerta. ¿Cómo estará, cómo me mirará? Pero por ahí él no está, entonces sale la madre. Debe ya estar muy vieja, ¿cuándo la vi por última vez?  Seguro que sale él. Viene hacia mí y yo, mirándolo a los ojos, le entrego una por una las cartas que le escribí, pego media vuelta y sin decir palabra, me voy. 
¿Me atreveré?
Llegó al portón en medio de sus cavilaciones. Una gruesa cadena rodeaba el picaporte; el llamador había sido quitado de allí, pero en su lugar no habían colocado un timbre ni tampoco había portero eléctrico. Sus posibilidades de ser atendida se redujeron a llamar mediante gritos o aplaudir hasta que la escucharan. ¿Habría alguien?
Miró por primera vez hacia el jardín que antecedía la casa. Todo estaba cubierto por una niebla compacta, como un telón que tapaba el escenario. No pudo distinguir ni siquiera una ventana, menos una planta o una flor. 
Se le ocurrió que la densa nebulosa que aparecía entre el portón y la casa era el límite que separaba dos mundos. Asombrada, miró hacia el fondo y hacia enfrente de la vereda por la que caminaba: la visibilidad era perfecta.
La recorrió un escalofrío. Nunca podría entrar. No sólo por la gruesa cadena con candado, (los paredones que la circundaban no eran muy altos, podía saltarlos si se lo proponía) sino porque trasponer ese portón significaba atravesar otra dimensión.
No sabía hacia dónde la llevaría esa decisión. Se reconoció cobarde. Abrió su bolso y tomó el puñado de cartas. Con lentitud, su mano dejó que la brisa las esparciera por la vereda.
Dio media vuelta. Y se fue sin decir una palabra.

 

De La trama engañosa (2011)