mientras barre el piso de su casa
y acomoda los juguetes de sus hijos
para luego
tender la ropa
limpiar el baño preparar la comida
el sueño de la noche anterior
ronda por su cabeza
como una mosca molesta
quién era ese hombre misterioso
pero sin rostro
que la envolvía al son de sus palabras
y la hacía sentir
una serpiente que danza hipnotizada
al ritmo del flautista
por qué percibe aún en la piel
(mientras termina de revolver el guiso)
la mirada reprobatoria de su marido
que había presenciado la escena
aunque ella trataba de explicarle su inocencia
con palabras cosidas a su boca
ahora coloca los platos sobre la mesa
él llegará pronto del trabajo y querrá comer
lo recibirá con su mejor sonrisa
aunque no pueda quitarse la culpa
que le trajo ese sueño raro.
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