miércoles, 23 de septiembre de 2015

ANAMARÍA SERRA/ "EL DEMIURGO"

Adela escucha el viento y sus ideas se confunden en un torbellino de imágenes. Un desierto al mediodía plagado de sol le seca la garganta; luego de incorporarse y tomar un poco de agua del vaso que está sobre su mesa de luz descubre ese enjambre de plantas de hojas carnosas que le impide ver a través de la ventana.

Mientras lucha con manos y ojos para abrir el follaje y ver el panorama oye un repicar acompasado, acústica pura, y se da cuenta de que el viento ha dado paso a la lluvia, que primero se presenta con finísimo granizo. Y allá va la imaginación de Adela, a la cumbre más alta que puede encontrar, blanca e inmensamente fría –lo siente en la punta de sus dedos porque está acariciando la base de una pequeña escultura-.

Adela toma conciencia del gesto maquinal y la observa. Representa un demiurgo, cabeza de león enmarcada en un halo, el sol, y cuerpo de serpiente. Piensa en el significado dado por los antiguos: el creador y ordenador del mundo material, la encarnación del mal que aprisiona y encadena a los hombres a sus pasiones.

Adela desvía sus ojos hacia la fotografía colocada junto al demiurgo.  Un hombre joven y esbelto, bronceado por el sol de la playa caribeña le sonríe con malicia desde un primer plano. Detrás, el sol corona su cabeza mientras el mar, de un azul más que profundo, lame sus pies. Adela quiere aclarar su desconcierto. Abre la ventana: ya no llueve y el viento es una brisa sobre su rostro.


En puntas de pie y sacando casi la mitad del cuerpo, extiende sus brazos para separar aquella multitud de hojas que le entorpecía la visión, pero descubre que solamente hay un enorme vacío, un desierto en el mediodía plagado de sol, el abismo que la atrae como si estuviese tirando de ella una finísima cadena de pasión hacia aquella mirada maliciosa…  Y su garganta seca, la sed que no puede apagarse, aunque ¿quién sabe?, tal vez el demiurgo sea el oasis que Adela necesita.

viernes, 18 de septiembre de 2015

ANAMARÍA SERRA/ "LA SEDUCCIÓN DE LA MALDAD"


D e s d e l os primeros tiempos –tanto en los cuentos de hadas como en todos los de tradición oral- los hombres se sintieron fascinados ante las historias de terror y de violencia.

La condesa sangrienta, texto de Valentine Penrose inspirado en la vida de Erzsébeth Báthory, fue recreado posteriormente –y superado con creces- por la escritora argentina Alejandra Pizarnik.
Me propongo enlazar este texto con 62, modelo para armar, de Julio Cortázar y con “La cámara sangrienta” y “La dama de la casa del amor”, dos cuentos de Ángela Carter.
Ante la lectura del texto de Pizarnik el lector se siente horrorizado por lo descripto y a la vez seducido por las magistrales imágenes que se suscitan. Pizarnik racionaliza la violencia y la recrea presentándose como comentarista y espía que asiste con placer a las escenas
de tortura.

Erzsébet Báthory, siniestro personaje histórico húngaro del siglo XVI, pasó a la fama por torturar y asesinar a 650 muchachas. Once pasajes que marcan la trayectoria de la Condesa desde su adolescencia hasta su muerte, conforman La condesa sangrienta. La belleza, la locura, la perversión sexual y la muerte serán los cuatro ejes sobre los cuales se articula la narración.
Con lenguaje moderado, la mención de lo directamente sexual apenas existe. Hay sólo continua alusión y una enorme sugerencia en las imágenes que convierten el horror en poesía. Lo poético está dado en las descripciones de la Condesa y en la forma en que Pizarnik inscribe al personaje en momentos de silencio, melancolía, violencia y muerte. Rara vez se detiene en fijar su punto de vista en las adolescentes supliciadas, y el lector –mirada cómplice- deberá hacerse cargo de ello con su imaginación.
En la Condesa reina el silencio con momentos de impasible melancolía y otros de frenesí orgiástico; goza con el sufrimiento de las doncellas sacrificadas. Teme la vejez y necesita –como Drácula- la sangre humana para sobrevivir: el sacrificio de las jóvenes vírgenes conservará su juventud y borrará las impurezas en su cuerpo
La condesa se apoyaba en las creencias cristianas sobre la sangre de Cristo como brebaje de la inmortalidad; la religión, paradójicamente, incentiva el vampirismo.
En el texto de Pizarnik, lo obsceno se instaura a partir de la imagen de la tenebrosa aristócrata contemplándose eternamente en el espejo de la tristeza. Como Gilles de Rais, tiene la obsesión de la muerte y su reclusión en la soledad del crimen la fue llevando hacia una homosexualidad enmarcada por un profundo silencio. Pizarnik piensa que no tuvo conciencia de su crimen, por tanto, nunca llegó a comprender la causa de su condena ni tampoco sintió miedo.
La Condesa sangrienta refleja la admiración de Pizarnik por Penrose, la influencia del surrealismo y de las teorías sobre el mal y el erotismo propuestas por Bataille.
Julio Cortázar utilizó el personaje de la Condesa en su novela 62: modelo para armar. Pareciera no solamente una fascinación compartida sino también un homenaje. El personaje
Helene resulta el “alter ego” de Erzsébeth Báthory en el siglo XX.
Elementos comunes –laberintos, pasillos, galerías- representan la “zona prohibida” a recorrer en un texto que apunta a lo especular o reflexivo, donde se entretejen los fragmentos de una historia con fondo vampirista.
La novela de Cortázar es un rompecabezas que el lector deberá armar, en donde se enlazan situaciones, espacios y tiempos. El personaje de Helene es perfecta e inasequible, personifica la maldad, la crueldad, pero también el sufrimiento; es la que habita en mayor medida la ciudad de las pesadillas, la deseada y ya muerta desde un principio. Hay una permanente alusión a Erzsébeth Báthory. Helene, respondiendo a su ser maléfico –y también homosexual- violará a Celia, una muchacha inocente que a la vez se identifica con una muñeca en la que se descubrirá una horrible obscenidad -no revelada al lector- Aquí el narrador comparte con Pizarnik ese “voyeurismo” cómplice, artífice de la imaginación.
La transgresión continua del tiempo produce la alteración de las relaciones habituales de causa-efecto; la narración tiene extensos pasajes poéticos; se describe una ciudad con itinerarios malditos y encuentros imposibles; los personajes están condenados a circular por un recorrido que implica transitar sus propias vidas: un itinerario no programado, sino determinado de antemano, como el destino que deberán cumplir.

En los textos de La cámara sangrienta, Ángela Carter reelabora, con ironía y crueldad, la temática de los cuentos de hadas.
Para Carter, la sociedad patriarcal ha construido la identidad femenina y su escritura tratará de reconstruirla para luego subvertirla en cada historia en la que se inspira.

“La cámara sangrienta” y “La dama de la casa del amor” si bien en principio aluden a “Barba Azul” y a “La bella durmiente” respectivamente, transmiten una fuerte conexión con La condesa sangrienta en cuanto a la sexualidad transitada por contrastes: erotismo, violencia, poder, sumisión, inocencia y perversión.
En el primero –la boda de una joven inexperta y pobre con un siniestro hombre de fortuna, el hombre representa la extrema violencia patriarcal que a la vez ejerce completa fascinación ante su ingenua y virginal esposa. Viven en un castillo prácticamente enclavado en el mar, y en una cámara oculta ha sacrificado a sus anteriores esposas. Los elementos de tortura semejan réplicas de los utilizados por la Condesa, y los espejos del castillo reproducen la triste imagen de la joven destinada a ser la próxima víctima.
En su libro, Pizarnik describe el elemento principal de tortura, la Virgen de hierro, como una “dama metálica” del tamaño y color de “la criatura humana”.
En el cuento de Carter, es la misma Condesa -¿figura atemporal?- quien ocupa el lugar de la Doncella de Hierro, descubierta con horror por la protagonista cuando se introduce en la cámara prohibida.

Y en “La dama de la casa del amor”, la protagonista, remedo grotesco de Erzsébeth, habita un sombrío castillo, continúa perpetrando sus crímenes ancestrales y sufre la “perenne tristeza de una joven que es a la vez la Muerte y la Doncella” mientras pasea en las noches con el vestido de novia eternamente teñido con la sangre de sus víctimas. Sin embargo, aquí no son doncellas sino muchachos -campesinos- quienes tributan su sangre joven para que la vampira pueda alimentarse. Hasta que llega un joven y apuesto militar y ella caerá rendida de amor que la hará volverse humana y morir, aunque una rosa deslumbrante y monstruosa guardará su espíritu.
Una mujer fascinante por su crueldad y sadismo, modelo para tres escritores célebres: Alejandra Pizarnik, pionera, la recreó magistralmente; Julio Cortázar la “aggiornó” en un personaje de 62… y Ángela Carter la instaló doblemente en dos recreaciones de cuentos de hadas.

Fuentes consultadas:

Cristina Piña, Límites, Diálogos, Confrontaciones: Leer a Alejandra Pizarnik


Graciela Aletta de Sylvas, Para una lectura de La Condesa Sangrienta de Alejandra Pizarnik







sábado, 22 de agosto de 2015

ANAMARÍA SERRA/"MIRADAS"

todos los ojos
derramados sobre el rostro
donde el sol dejó huella
y sobre su figura
un tanto desgarbada

las miradas

reptan por su cuerpo
le revolotean el pelo
se prenden en su cuello
le picotean la boca

se sabe diferente
extranjero
estrafalario

todos los ojos
apuntan y disparan
y se quedan en él

estampados.

                                       En: Cantos de Sirena,2012






jueves, 30 de julio de 2015

MARITÉ SIMÓN/ DOS POEMAS

ESPERA EN LA ESTACION DE TREN
a una antigua estación con nombre de santo
llega el tren
deja ilusiones de amores vivos y promesas muertas

en las esperas interminables
el  verde del ligustro separa los sentimientos
y los pequeños copos de nubes  detrás del sol
anuncian la primavera

ella carga una mochila de sueños y ansiedad
sus ojos pasean por el puente, la galería, las vías

la lluvia postergadora no impedirá el reencuentro
ayer quedó una lágrima entre los durmientes
la pena mojó los ojos de ausencia

bajo el atardecer se anuncia una silueta
bailan descalzos dos corazones

la espera llegó a su fin



 MIRADAS
dos  pares de miradas
ven el camino
que los espera
para recorrer a dúo

abrazados         
de la mano
a paso lento       
corriendo

destellos de alegría
acompañan
rayitos de colores
iluminan

invasión de amor
en el camino largo
que ven
dos pares de miradas

 



lunes, 27 de julio de 2015

DOS TEXTOS DE ANTONIO CALI

EL TREN
El tren pasó tarde esta tarde y casi de largo, como si tuviera miedo a perder la vida.
Su calendario es siempre el mismo, fechas y horarios justos.
A veces parece un comensal de tiempos y distancias subido a esa mesa de metales paralelos.
Nunca se sabe quién lo conduce, tampoco quiénes viajan, ni siquiera si son buenos o malos.
Abre sus pequeñas bocas laterales y come y digiere hombres y mujeres a la vez, sin importar su edad.
El tren se mete en el tiempo, recta y curvamente, el mismo tiempo que tardan en regresar las estaciones del año, el mismo tiempo que ve nacer y morir personas.
El tren se alimenta de tiempo, de personas en los andenes, de los suicidas que no pueden más con el tiempo y la vida.
A veces, tengo la sensación de que el tren se ríe, otras que llora y otras que parece cansado.
Hay trenes vacíos en algún lugar del mundo.
Me dan pena los trenes vacíos, solos, aburridos, sucios, abandonados al sol y a la lluvia, a los yuyos, al óxido mortal de sus bulones.
A veces pienso en los trenes y en la liviandad de los pájaros en cada movimiento.
Sé que hay trenes vacíos en algún lugar del mundo y no sé cómo ayudarlos.
 

LA SED

La sed es una navaja que corta los labios. La semilla cae al surco ya muerta. No llueve hace meses. La raíz necesita gritar su angustia pero nadie la escucha.
Ni siquiera sobrevivió el musgo o el clavel del aire.
El almanaque, esa especie de reloj de papel, indica que es la temporada de la lluvia, pero no llueve, no llueve hace meses.
La luz monocorde del sol en este silencio. Apenas unas pocas sombras demasiado delgadas de algunas plantas. Llegará el hambre en cualquier momento.
Otro se acerca y comenta que alguien encontró una osamenta con un poco de carne.
Mientras tanto duele la sed y las lenguas parecen astilladas. Algunas mujeres ya no tienen leche y sus hijos lloran día y noche. La infancia es una ilusión, la vida también.
Nosotros, aquí, casi desnudos, parecemos insectos afiebrados.

Ya ni saliva tenemos. Estamos secándonos de a poco.

domingo, 12 de julio de 2015

ANAMARÍA SERRA/ "FLOR DE INVERNADERO"

Me contaron que compartió el nacimiento con una hermana gemela que solamente sobrevivió unas pocas horas. Por eso fue hija única; mimada y protegida como capullo de orquídea en un invernáculo durante toda su vida, o por lo menos, hasta que sus padres emitieron el último aliento.
Cuando conoció a Efraín, toda la familia lo aceptó inmediatamente. Y él se unió a esa red de cuidados amorosos, siempre al pie del cañón en los mínimos detalles. Alguna prima criticona se reía porque en ese matrimonio Efraín cumplía los dos roles; además del trabajo de oficina, limpiaba la casa, cocinaba y hasta lavaba la ropa interior de su adorada mujercita.
Mi capullito, le decía, y ella dejaba que él la adorara con sumisión, como una reina que acepta el besamanos de su lacayo.
Pero en toda historia siempre hay un pero… Uno de tantos días en que Capullito había salido para hacer el clásico recorrido de peluquería-masajista-manicura-shopping con compra de ropa, zapatos y cartera de marca exclusiva, le pareció ver a través de la vidriera de un café a Efraín, quien conversaba animadamente con una señora. Al instante descartó esa impresión, ya que él debería estar haciendo un corretaje extra que cumplía luego de la oficina, para solventar la holgada vida que llevaban.
Sin embargo, cuando su marido volvió muy entrada la noche, rozando apenas el piso con sus pies descalzos para no despertarla, supo  que algo pasaba; su intuición le reveló que esta vez no venía de una jornada de balance bancario. El arqueo del capital de esa relación desigual finalmente se le había revelado al tierno Efraín.
Comprendió que su eterno adorador se había esfumado, vio en su lugar un hombre agobiado y temeroso. Efraín se había cansado de quererla, Capullo se había abierto hacía rato en una flor carnívora que devoraba la energía de sus seres queridos. Qué te pasa, le preguntó sin ni siquiera abrir los ojos.

La respuesta de él no llegó con excusas. Vio sin inmutarse que con parsimonia y prolijidad metía sus ropas –muy pocas- en una valija, le daba un beso en la frente y le prometía que le enviaría todos los meses lo suficiente para una vida cómoda, aunque igualmente le aconsejaba que se buscara un trabajo, quizá como entretenimiento, quizá para aprender a vivir.


 

martes, 7 de julio de 2015

ANA MARÍA SERRA/ "LA RÉPLICA"

quería huir de sus miedos
se compró una máscara
alegre      llamativa   
con brillitos en los pómulos

sostuvo un viaje interminable
seguida por fantasmas
acechados contra su médula
como acero filoso

se ocultó en baúles
que atravesaban el mar
y en el bosque milenario
detrás de árboles añosos mecidos por el viento

los espiaba a través de la mirilla
de sus pestañas postizas

un día se cansó
se quitó el disfraz
el espejo la reveló en su íntima imagen

los viejos temores escaparon
con muecas de espanto